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¿A quién dedicó Sotillos el gol de la victoria en el Hércules-Eldense?

No es indiscutible. Al revés. Esta temporada se está acostumbrando a ver los partidos desde la aridez hosca de los banquillos. En verano, su nombre estaba entre los candidatos a abandonar la entidad. Su capacidad para adaptarse al puesto de lateral le mantuvo en Alicante. Sabía que no sería titular, al menos que lo tendría muy complicado después de un año fastidiado para la defensa blanquiazul. Aun así, ha perseverado.

Alejandro Sotillos sumó en el derbi contra el Eldense, seguramente en el encuentro más importante que ha disputado el Hércules de Beto por todo lo que implicaba un mal resultado, su segundo tanto de la temporada. El anterior, en Cartagena, no valió para nada, ni siquiera para puntuar. Pero el de este sábado, sí, ese sirvió para revertir una inercia de desgracias y fastidios monumentales en el José Rico Pérez.

El central no arrancó bien. Pagó la frialdad pegajosa de las suplencias amontonadas. No estuvo preciso, erró en situaciones muy comprometidas, pero no bajó la cabeza. El paso de los minutos le granjeó la confianza necesaria, recuperó el olfato en la contención, la anticipación, se complementó bien con Rentero. Salió porque Monsalve estaba indispuesto. Lo asumió e hizo lo que más le gusta: disfrutar en el campo.

Dispuso de una gran ocasión en la segunda parte, una que increíblemente no entró y eso que remató de cabeza a menos de un metro de la portería. Una de esas situaciones que es capaz de generar el equipo blanquiazul desde la llegada del nuevo entrenador, pero que no concreta, que se escapan, que se esfuman sin una razón plausible más allá de la mala suerte y la indefinición.

Cualquier otro habría bajado los brazos. Seguramente, después del tanto en propia puerta de Carlos Mangada que arruinaba el marcador, con el tiempo ya vencido y a solo un minuto del final, lo natural habría sido resguardarse, no exponerse, aceptar la ruina. Él no lo hizo. Sacó fuerzas de donde no existían. Corrió detrás de Jeremy de León, uno de los más veloces de la plantilla, lo hizo después de 97 minutos al máximo, multiplicándose, sobre todo en la segunda parte, y consiguió llegar al área de Ramón Vila justo detrás del extremo boricua, mucho antes que cualquiera, incluso que el delantero centro, que se diluyó en la carrera.

Disparó el puertorriqueño y, como no, se encontró con el muro azulgrana. El rechace le llegó a Sotillos, el más listo, el mejor situado, el más valiente galopando en busca de su compañero con el último gramo de energía. Le pegó con el alma, con el exterior de la bota derecha para esquinar la trayectoria, y supero al guardameta infranqueable para darle un triunfo épico que festejar a una grada aburrida de acumular sinsabores. Un tiro seco y bien buscado de un central que nunca se rinde.

El madrileño le dedicó su tanto a un compañero de oficio, de demarcación, al paraguayo Luis Enrique Méndez Giménez, de 28 años, los mismos que tiene él. Coincidieron ambos en la capital del reino, en clubes diferentes, sí, pero unidos por la amistad, la proximidad, por el celo profesional, la creencia en uno mismo y ese defecto insual de querer ser defensas en un mundo que solo premia a los delanteros. 'Soti' se acordó de él y lo dejó por escrito: "Como me dijo mi amigo @LuisEnriqueMG4, la fe no hace las cosas fáciles, pero si las hace posibles".

El Hércules no escaló posiciones con su tanto, pero hizo algo más importante, demostrarse que puede competirle de tú a tú a un claro aspirante a campeón, a un recién caído del fútbol profesional, a un bloque que se lo puso muy difícil en la segunda mitad, pero al que acabó sometiendo por disponer en el plantel de un tipo fuerte emocionalmente, que aguanta la presión de ser suplente y da lo mejor... siempre que puede.

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