La rueda de prensa del FC Cartagena no fue una comparecencia al uso. Fue, en muchos sentidos, un ejercicio de gestión de crisis ante las cámaras. El presidente Alejandro Arribas y el director general Víctor Alonso se sentaron frente a los periodistas con la misión de poner orden —o al menos explicación— a una acumulación de problemas que amenazan la estabilidad del club albinegro: una deuda millonaria heredada, nóminas retrasadas, instalaciones deficientes, una contratación técnica fallida y la incertidumbre sobre el futuro inmediato.
El primer frente fue el económico. Arribas había cifrado públicamente la deuda del FC Cartagena en torno a tres millones y medio de euros, pero la auditoría más reciente eleva esa cifra hasta los 13,7 millones de euros. La diferencia, explicó el presidente, obedece en parte al acuerdo CVC con LaLiga —"que se empezará a pagar cuando el club suba a la unidad profesional, en 70 años"— y en parte a impagos de la temporada anterior que LaLiga asumió con las ayudas al descenso, privando al club de esos ingresos: "Realmente en la deuda sale esa cantidad, pero eso ya está pagado. Por eso el club no tiene ayuda del descenso y está en la situación que está".
Más allá de las cifras, el diagnóstico es preocupante: "Todos los días aparecen nuevas circunstancias difíciles. Estamos revisando compromisos de pago que hemos heredado y que siguen surgiendo".
El director general Víctor Alonso describió un club gestionado en modo de urgencia permanente. "Estamos en el día a día", admitió, señalando que el objetivo prioritario es construir un plan global de viabilidad que evite el goteo constante de parches. La gran paradoja, subrayaron ambos dirigentes, es que el Cartagena mantiene estructura de fútbol profesional compitiendo en Primera RFEF.
Un ejemplo concreto: las instalaciones de entrenamiento en La Manga Club cuestan unos 10.000 euros mensuales. "Un club de Primera RFEF no puede gastarse eso. Está claro", zanjó Alonso. El salto del ingreso televisivo —de 500 millones en Primera División a apenas 300.000 euros en Primera RFEF— no se vio acompañado de una reducción proporcional de gastos, y ahí reside buena parte del problema estructural del FC Cartagena.
Para atajar la deuda, el club ha iniciado contactos con Hacienda y la Seguridad Social. Alonso confirmó que las conversaciones han sido receptivas "siempre y cuando cumplamos unos parámetros que nos han exigido", aunque mantuvo la confidencialidad sobre las fórmulas barajadas —reestructuración de deuda, entrada de inversores o preconcurso de acreedores—.
En cuanto a las nóminas de jugadores y empleados, Arribas fue categórico: "Garantizo que van a cobrar todo, todo lo que les corresponde de aquí a junio". Y añadió que, de ser necesario, el propio accionista asumiría los pagos. Los finiquitos de Paco Belmonte y de varios miembros de la anterior dirección deportiva, en cambio, quedan en un segundo plano: "La gente que ha hecho este presupuesto que se espere y que cobre cuando corresponda", afirmó Arribas sin ambages.
La situación en el vestuario también salió a relucir. Las denuncias públicas de los jugadores sobre las condiciones de las instalaciones —agua fría, gimnasio deficiente— fueron validadas por el propio presidente: "La arenga de Pablo es la verdad, en realidad". Un reconocimiento llamativo que retrata hasta qué punto la gestión interna del FC Cartagena se ha resentido.
El otro gran asunto de la comparecencia fue el fiasco de Federico “Torpedo” Arias. El técnico argentino, con pasado en la estructura del Manchester City, fue propuesto por el intermediario Gabriel Converse —quien participó en la compraventa del club— y avalado por la dirección deportiva como una opción atractiva.
El problema es que su licencia no fue homologada para entrenar en España, lo que dejó al Cartagena sin entrenador oficial hasta que Iñigo asumió el cargo. Arribas asumió la responsabilidad sin evasivas: "Yo asumo toda la responsabilidad como presidente". Un episodio que arroja dudas sobre los mecanismos de control en la planificación deportiva.
No hay inversores
En el plano institucional, Arribas reconoció que afronta el proyecto sin inversores: "Ahora mismo no hay nadie. Estoy solo". Mostró cierta decepción por la escasa implicación del empresariado local de Cartagena y apeló a la comunidad cartagenera: "Los que primero tienen que ayudar son los empresarios de la zona. Cuanto más seamos, más fuertes somos todos".
La Fundación del FC Cartagena, además, sufre un bloqueo administrativo que impide gestionar tanto ingresos como pagos de la cantera, una situación que Alonso confió en resolver "los primeros días de la semana que viene".
Víctor Alonso explicó que el club pretende revitalizar el espacio Business del FC Cartagena, impulsado por la anterior directiva, como vía de ingresos y relación con empresas: “Nuestra idea es revitalizarlo”, señaló, añadiendo que se estudian nuevas fórmulas de explotación económica a medio plazo. El director general insistió en que el crecimiento del club dependerá del apoyo social y empresarial.
Sin fichajes a la vista
Deportivamente, el presidente defendió el mercado de fichajes de enero como un trabajo bien hecho y mantuvo el objetivo del playoff de ascenso en Primera RFEF, con la cantera como eje del proyecto a medio plazo.
La incorporación de nuevos futbolistas solo se contempla si suponen una mejora clara sobre lo existente. Además, Alonso confirmó que no hay novedades todavía con los acuerdos de rescisión de contrato de Fran Vélez y Nacho Sánchez: “Nuestra voluntad es llegar a un acuerdo con ellos”.
Lo que quedó sobre la mesa fue un retrato sin filtros de un FC Cartagena al límite, heredero de una gestión deficitaria, descapitalizado por el descenso y obligado a reinventarse con escasos recursos y mucha presión. La nueva dirección apuesta por la transparencia y la viabilidad económica como herramientas de credibilidad. Si será suficiente para recomponer la confianza de afición, empresas e instituciones es, todavía, una pregunta sin respuesta.