Aurelien Tchouameni fue elegido el mejor jugador en los dos partidos de la Champions League ante el Benfica. Fue el reconocimiento a la labor gris pero imprescindible en el centro del campo de cualquier equipo. El francés ha tardado tres temporadas en demostrar que su fichaje fue un acierto a la vez que una apuesta de riesgo. A eso ha añadido su polivalencia para ser central y rescatar al equipo en los momentos difíciles.
El Real Madrid pagó 80 millones de euros por un medio centro que apuntaba maneras. La salida de Casemiro obligaba a buscar un relevo del mismo porte, y Tchouameni era el que más se acercaba a ese perfil. Pero no lo ha tenido fácil. Borrar el recuerdo del brasileño le ha perseguido durante tres temporadas.
Tocó fondo
El momento más crítico para el francés llegaba en enero del año pasado, cuando el Bernabéu abucheó su nombre al ser anunciado por la megafonía en la previa del partido ante el Celta y cuando saltó a calentar. El Madrid venía de perder la Supercopa de España ante el Barcelona (5-2) y al francés le tocó pagar la cuenta de la derrota.
"Empezó el partido y jugué en el centro del campo. Arrancamos, me dan el balón y ahí están los silbidos. En la tele no se ve, pero en mi cabeza pensé, '¿es para mí?' Luego pitan a Lucas Vázquez y dije, 'vale, somos Lucas y yo'", contó, y agregó: “Tienes dos opciones: o te caes, o haces tu juego y a medida que sigas haciendo cosas buenas, los silbidos serán cada vez menos. Aquel día hice un gran partido”.
Fijo en el once
A partir de ahí, Tchouameni no ha dejado de crecer para convertirse en centro angular del equipo en esa labor oscura y sin focos. Su gol ante el Benfica, el que empataba el partido minutos después del 0-1 de los lisboetas, sirvió para alumbrar una actuación que confirma su crecimiento.
Es el único jugador que ha sido titular en los 10 partidos jugados por el Madrid en la Champions. Es insustituible. Se ha perdido cuatro encuentros esta temporada, uno por sanción, dos por lesión y en otro descansó, pero si está disponible tiene el puesto asegurado. Por fin, ha borrado las huellas que dejó Casemiro para equipararse a él e incluso superarlo.